La revolución de Octubre

El 25 de Octubre (7 de noviembre por nuestro calendario) la clase obrera, dirigida por el Partido bolchevique, aliada a los campesinos pobres y apoyada por los soldados y marinos, derribó el Poder de la burguesía, instauró el Poder de los Soviets, fundó un nuevo tipo de Estado, el Estado soviético socialista, abolió la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, entregó ésta en disfrute a los campesinos, nacionalizó toda la tierra del país, expropió a los capitalistas, puso término a la guerra.

Instauró la dictadura del proletariado y entregó la dirección de un inmenso Estado a la clase obrera, convirtiéndola con ello en clase dominante.

Tal vez el hecho que mejor describe lo ocurrido el 7 de noviembre de 1.917 es que en el momento en el que se produjo el asalto al Palacio de Invierno ya no había casi nadie allí para defenderlo. Esto demuestra hasta que punto habían madurado las condiciones. El ciclo de movilizaciones que comenzó con la revolución de febrero había ido in crescendo, y, al mismo tiempo, quedaba cada vez más clara la incapacidad y falta de apoyo del Gobierno Provisional.
La capacidad del partido bolchevique para hacer suyas los anhelos  reales de la mayoría de la población, fundamentalmente paz a cualquier precio y reparto de la tierra, provocó que la toma del poder fuese casi incruenta.

La sustitución de la Asamblea Constituyente por parte del Poder Soviético no fue un golpe de estado ni siquiera un quebrantamiento de la democracia. La Asamblea ya había sido rebasada por los acontecimientos y por la lucha de clases y ya no expresaba los anhelos mayoritarios de la población, que se centraban fundamentalmente en la salida inmediata de la guerra. No se trataba de sustituir la democracia formal por una dictadura, sino de instaurar una verdadera democracia sustentada por organismos realmente de base y populares: los soviets.

El triunfo casi incruento de la Revolución de Octubre señala a la vez el agotamiento de lo hasta entonces existente y el apoyo mayoritario del programa de Paz, Pan y Tierra que defendían los bolcheviques. Un grupo de visionarios, aislado de la realidad social y sin apoyo en la mayoría de las clases populares nunca habría podido tomar el poder en un país tan extenso y complejo, en lo social y en lo nacional, como Rusia.

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