La insurrección de julio

Las Jornadas de Julio de 1917 fue el nombre que recibieron las protestas armadas respaldadas por los anarcocomunistas y los bolcheviques, finalmente fracasadas, que trataron de derrocar al Gobierno Provisional Ruso y traspasar el poder a los sóviets  en julio de ese año. Estas protestas se produjeron al mismo tiempo que tenía lugar una crisis gubernamental por la dimisión de los ministros kadetes del Gobierno, lo que dejó la gestión de la crisis en manos de los dirigentes defensistas del Sóviet de Petrogrado, principalmente de los mencheviques.

Las protestas, debidas a una mezcla de descontento por el empeoramiento de la situación económica, agitación radical y oposición a la reanudación de las operaciones militares entre otros factores, se produjeron en medio de una crisis gubernamental desencadenada por la dimisión de los ministros kadetes. Las manifestaciones fueron un síntoma del amplio descontento con el desempeño del Gobierno de coalición social-liberal y del deseo de que el sóviet tomase la iniciativa en la aplicación de reformas.

Las marchas, multitudinarias, se sucedieron a lo largo de tres días en los que los manifestantes, atizados por algunos cuadros socialrevolucionarios de izquierda, anarquistas y bolcheviques, exigieron con vehemencia pero inútilmente a los dirigentes del Sóviet de Petrogrado que derrocasen al Gobierno de coalición social-liberal y tomasen el poder, con la intención de poner en marcha amplias reformas.

Es evidente, como se demuestra con la insurrección popular de Julio, que a veces las masas van por delante del partido y que el partido no puede desconectarse nunca de ellas. La correcta comprensión por parte del partido bolchevique de estos hechos, no combatiendo al movimiento sino entendiéndole   y procurando que se fortalezca y espere un momento más propicio, resultó fundamental para el posterior triunfo de Octubre.

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